El juglar que es druida

Jorge Zavala es una pieza clave en la relación entre México y Silicon Valley

Pizarra y tiza, muy siglo XX. (Foto: César Salazar).

Cuando comenzamos a darle vueltas a la idea de Silicio fuimos de verdad conscientes del valor que atesora de Jorge Zavala (Ciudad de México, 1955). Como él mismo dice, nació el año en que murió Albert Einstein y se inauguró Disneyland, de lo que quizá él no tenga noticia es de la cantidad de personas que nos incitaron a hablar con él. Especialmente si tenían relación con México.

Las voces que nos dirigían a Jorge eran de lo más dispar, desde el consulado, pasando por emprendedores e inversores. Todos señalaban a este perfil único, que abre puertas, ayuda a parir ideas y, aunque quizá tampoco lo sepa, proyecta ideas vocacionales. Su capacidad para crear comunidad ha terminado por reactivar y dar un nuevo impulso a la Red Global, un proyecto donde el talento mexicano en el exterior se exhibe y comparte experiencias.

Cuando Google Glass era lo más. Bueno, ahora han vuelto.

Tras una comida cuando Silicio era solo una idea, salimos convencidos de que podríamos empezar con su bendición en forma de consejos. Lo hizo contando una anécdota. Recordó cómo hace más de 10 años se encontró a Michael Arrington, fundador de TechCrunch, blogueando con su portátil sentado en la moqueta mientras esperaba turno para verse con un VC del valle. Es decir, nos invitó a soñar. Y, si no, siempre podríamos hacernos escritores fantasma y hacer libros para otros.

Su método, artesanal, de escucha e invitando a preguntarse a uno mismo, ayuda a encontrar la vocación, el camino. De ahí lo de druida. El juglar se lo llama él a sí mismo cada vez que emprende un nuevo viaje, normalmente una gira propia de rockero.

Zavala llegó a Silicon Valley en 2005, desde entonces, este Ingeniero Electrónico por La Salle de México, con Maestría en Matemáticas por la Universidad de Waterloo, en Ontario (Canadá), ha participado en innumerables proyectos. Desde 2012 es CEO de Kinnevo.

Su última cruzada une la tecnología, el producto y la actitud. Habla del MVM, una analogía al manido MVP de Silicon Valley, pero con un significado distinto. Hablar del Minimum Viable Mindset. O dicho de manera más llana, la forma de saber si estamos listos para emprender y dar el salto, si tenemos esa pasta especial, ese momento, la chispa, el contexto, el grado de locura a punto para saltar.

¿Lo mejor de todo? Que predica con el ejemplo. En casa tiene, bueno, tenía, porque los ha criado pero ya vuelan libres, dos techies que escalan para llegar a la primera línea en Silicon Valley. Como su padre, han entendido que uno de sus valores diferenciales es la capacidad de competir al nivel de la Bahía de San Francisco, pero con la mente en ambos mundos, con la capacidad de tejer esa relación con América Latina que tanto seguimos y tan buenos augurios desprende.

Soy Silicio

Hecho con cariño y esmero en San Francisco

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