Academia y tecnología se dan la mano

Cuatro mexicanos brillantes con puentes de ida y vuelta

Thalia Estens es cofundadora de Transpow

Tarde de jueves en San Francisco, por fin un clima relativamente agradable y un espacio en el corazón de SOMA (el barrio de las startups) abierto para dejar claro que en México se estudia, se investiga y se crea. Academia meets Tech celebró su segunda edición en el consulado azteca.

Unas chelas, botanas y ganas de compartir una mirada optimista al mundo académico y cómo después impacta en el mundo real ya sea a través del mercado de consumo, el de los servicios entre empresas o, directamente, yendo al corazón de la sanidad.

Augusto Berrocal ultima su doctorado en Berkeley, en el campo de la biología molecular. Fue capaz de captar la atención de los asistentes con un relato en el que unió el comienzo de su rama académica con la II Guerra Mundial. Realizó un viaje por el ADN, por cómo se activan los genes a través de preguntas sencillas: “¿Por qué los humanos tenemos nariz y los elefantes trompa?”. Encomiable su capacidad para hacer accesibles conceptos que a priori son elevados.

Thalia Estens arrancó con una pregunta inquietante: ¿Cómo haces que colaboren los competidores más determinados? Es decir, cómo pasar de la competición a la cooperación entre diferentes líderes. Una visión en principio muy filosófica pero que captó la atención para que la investigadora en Stanford explicase su startup, Transpow. Junto a una compañera de clase ha creado un sistema para que las empresas de logística por carretera (camiones, dicho sin glamour) sean más eficientes al trabajar juntas. Consiguen que mantenga el control de los clientes pero integran operaciones.

Carmen Sandoval, estudiante de doctorado en neurociencia en UCSF, desgranó cómo funciona el cerebro humano (bueno, no todo, obviamente). Como Thalia, captó la atención con una pregunta inicial: ¿Por qué los humanos estudiamos a los animales y ellos a nosotros no? El resto fue una delicia de razonamiento para ir de los descubrimientos de Ramón y Cajal a nuestros días.

Cerró la presentación Jorge Soto, de Miroculus. Se notó que era el más experimentado del grupo, el que tiene un producto más avanzado, pero no se trataba de competir, sino de enseñar al centenar de interesados reunidos en el consulado que en México hay talento de ida y vuelta. Jorge es bien conocido en el mundillo startup. Ha pasado de mapear el crimen en América Latina con la creación de herramientas usadas por las autoridades, a darle un giro a su carrera tras pasar por el programa de verano de Singularity University. Explora la biología molecular y lo quiere hacer accesible. Por ahora tienen un sistema de detección de cáncer de estómago, el más recurrente en América Latina, pero el define su meta con mucho más acierto y desparpajo: “Nos vemos como el Nespresso del ADN y el ARN”.

Por el momento no hay fecha para el próximo encuentro, tampoco una tema cerrado. Crear este tipo de eventos es importante para conectar con la comunidad, para crear ejemplos, para evidenciar que existen cauces y maneras para llegar a donde uno se propone. Uno de los problemas más habituales es el de los itinerarios. Alguien puede saber cuál es su vocación, o con qué habilidades cuenta, pero no es tan sencillo descubrir el camino para poder realizarse.

Soy Silicio

Hecho con cariño y esmero en San Francisco

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