El éxodo techie en Venezuela

El talento hace tiempo que huyó del país sumido en el caos y desabastecimiento

Coupa Café, la dosis de cafeína de Silicon Valley

Silicon Valley se activa con café venezolano. Cada mañana, los perfiles más destacados del valle, y, por qué no decirlo, en muchos casos los más modestos, amigos de pasar inadvertidos, sacian su sed y cubren su necesidad de cafeína en Coupa Café. Una cafetería familiar que abrió su primer local en Ramona Street y ha ido haciendo crecer sus lazos y espacios al calor de su buen hacer, cuidado en los detalles y, gran acierto, wifi gratis cuando en muchos lugares era un lujo. Coupa nació con la ambición de ser un lugar de encuentro, conversación y cocreación.

La familia detrás de esta referencia obligada en Silicon Valley proviene de Venezuela, hablan indistintamente español e inglés, el primero con el dulce deje de su país, el segundo, con la pulcritud de los que han pasado por Stanford. Los tres hijos del matrimonio que abrió son alumnos de la escuela más próspera del mundo.

En Caracas mantienen uno de sus satélites, siguen tostando café, ofreciéndolo en su ciudad y deleitando al paladar siempre tan caprichoso de los habitantes de la península, pero más importante aún es que siguen enviando cargamentos con bienes de primera necesidad a Venezuela.

Al margen de opiniones políticas, de puntos de vista, de sesgos ideológicos, en Silicio nos importan las personas (pero no podemos evitar vivir al margen de las noticias, ni queremos). Nos importa quiénes están detrás de lo que usamos cada día en nuestros celulares, tabletas, sistemas de pago, energía…

Hace solo unas semanas, a pocos metros de la mítica cafetería en la que cada mañana se suceden los pitches, los consejos y nacimiento de las startups que pronto cambiarán el mundo, en Startup Embassy, una pareja de emprendedores, en charla de viernes noche, relataba lo complicado de la situación. Desánimo generalizado, generaciones rotas, caída de la educación alarmante, la ya conocida inseguridad y, peor aún, pérdida de valores, de referencias… Aún así ellos querían sacar adelante sus planes para hacer un ecommerce de muebles de madera, con diseño cuidado hechos en la región aunque ese no era el motivo de su viaje. Venían de Los Ángeles, de una feria de productos sanitarios, donde fueron para contemplar posibles importaciones que paliasen la carencia de insumos, medicinas y material médico en Venezuela. Nos contaron cómo los primeros en salir fueron los ingenieros en el sector del petróleo. En su mayoría terminaron en Canadá. Venezuela perdía así parte de su capacidad para extraer con más rentabilidad y refinar después. Menos control de la cadena. Estos hechos fueron antes de la pronunciada caída del coste del crudo.

La conversación fue derivando en un lamento, en un dolor por la pérdida constante de talento en su país. A la misión imposible de intentar hacer transacciones se sumaba la carencia de perfiles adecuados. El goteo ha sido constante y paulatino.

En Coupa se puede pagar y hacer la comanda desde el móvil gracias a los beacons

No todo es negativo, al menos si nos paramos a pensar en los muchos venezolanos expatriados que brillan con luz propia, con el dolor de estar fuera de casa, pero con el orgullo de sentirse realizados. En Canadá está Héctor Palacios, reconocido académico en el campo de la inteligencia artificial y reconocimiento de lenguaje. En España, Mayra y Manuel, una pareja que se complementa como pocas, impulsa la visión latina y cooperativa de La Sociedad de las Indias Electrónicas (un lugar tan especial que merece capítulo aparte, pocos han sabido ejercer como pioneros e inspiradores desinteresados como ellos). Mildred Laya Azuaje añora sus recuerdos de juventud mientras ejerce al frente de la comunicación y márketing en Salesforce, en rápida expansión, para la región ibérica.

En Silicon Valley con solo pensar unos instantes son muchos los nombres que vienen a la cabeza. Injusto enumerar dejando a tantos fuera, porque abundan. Destaca su creatividad, optimismo, capacidad de lucha y cooperación. Basta con citar a Carolina Parada, al frente del reconocimiento de voz en Google, a Johanna Figueira con la startup Retiqueta, José Montes de Oca es otro de los perfiles brillantes de Nuzzel (app muy recomendable), Mary Avilés en Apple y cofundadora de Venezuela Decoded, o Gretel Perera, cofundadora de Latinas in Tech (cuya bonita historia personal queremos contar pronto por aquí) que pasó de Evernote en Redwood City a Home Away en Austin. Basta darse una vuelta por la red de emprendedores venezolanos para ver que más de dos millones de habitantes ya están en el exterior. Capítulo aparte merece Meyer Malka, centrado en fintech con su fondo Rabbit Capital.

Luis Carlos Díaz, blogger pionero en la región, bien conocido por su implicación tanto en Global Voices, como en cualquier acción que ayude a dar voz a sus compatriotas, ayuda no solo a través de las ondas, también con los Hangouts de periodismo junto a Naky Soto. Un día para relatar la situación hacía un símil tan triste como real. Decía que cuando una persona enferma, se deteriora poco a poco, y a medida que todo falla, termina por morir. Hay un punto final, hay un recorrido. Con los países no. Eso no sucede. Lo que parece que no puede deteriorarse más siempre es susceptible de empeorar. Y así día a día Venezuela se desangra, literalmente por dentro, y en el exterior con el éxodo de talento.

Las dudas que nos surgen son muchas. Desde qué se puede hacer para ayudar (aportar en las misiones de Coupa no parece una mala idea) si conviene donar medicinas, ropa, algo de dinero… a cuáles son los siguientes pasos, qué plazos se contemplan, si el resto del mundo va a seguir mirando para otro lado…

Por ahora sí recomendamos, sencillamente, escuchar y tender una mano a los que hoy salen, pero ojalá mañana tengan las responsabilidad de reconstruir su país.

Soy Silicio

Hecho con cariño y esmero en San Francisco

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