¿Un consulado con incubadora?

Martes, dos de la tarde, un par de centenares de personas recogen sus gafetes. Quieren que se vea claro su nombre, son unos privilegiados. Se disponen a tener ante sí una selecta representación de lo mejor de Silicon Valley. Están en el museo de la computación, confinados en sillas plegables, sin apenas espacio y les espera una larga tarde por delante. Es como un vuelo de costa a costa en clase turista. A pesar de ello, son felices. Ante sí pasa lo más granado de la última generación de startups.

Hogaru durante su pitch en Y Combinator

El martes fue el día dedicado al software en el Demo Day de Y Combinator. América Latina tuvo tres representantes. De México: Delee, cuya finalidad es tan ilusionante como difícil, detectar el cáncer con solo una pequeña muestra de sangre. También Beek, la mayor red de lectores de la región donde las reseñas se hacen con emojis. Hogaru, de Colombia, es quizá la más ilusionante por un detalle que los hace diferentes, pero también es una muestra de su comprensión del contexto cultural de la región. Cuentan con más de 400 personas en nómina. No son trabajadores por cuenta propia, sino un ejército de profesionales de la limpieza que cobran cada quincena. Todo a través de una aplicación. ¿Su salsa secreta? Un sistema de predicción capaz de ir asignando trabajos a sus profesionales antes de que el cliente cierre la cita. Entre otros muchos detalles que pronto contaremos.

Y Combinator es la incubadora de la que salieron los últimos grandes éxitos de Silicon Valley. De ahí salieron Stripe, Airbnb o Dropbox, por citar algunos de los unicornios más conocidos. La tarde fue una delicia, una sesión orquestada, medida al segundo, con discursos coherentes y propuestas claras. Detrás de cada pitch efímero se intuían horas y horas de trabajo, dedicación y perfeccionamiento.

Matteo Cera, fundador de Hogaru en San Francisco

Durante una tarde estos tres representantes del mundo hispano jugaron en la misma liga que los grandes del valle, en igualdad de condiciones. Que hayan sido capaces de entrar y seguir los pasos de Platzi o Rappi, que ya pasaron por esa misma senda, es un síntoma más del interés que despierta América Latina como espacio creativo y foco de interés económico.

En Launchpad, el espacio de Google consagrado a apoyar a los emprendedores, no les ha pasado inadvertido este despertar. Además de un gran grupo de mentores tienen a una persona dedicada a reclutar, analizar e impulsar el movimiento startup. Paco Solsona vive de avión en avión, de evento en evento, de hackathon en hackathon para tener en cartera a los mejores. En la última hornada subió notablemente el número de representantes de la región. De Brasil estuvieron Delivery Direto, Dog Hero, Meus Pedidos, Mobills, Portal Telemedicina y QuintoAndar. Por Argentina, Tienda Nube, Workana y Yop. De México asistieron, Unima, Tizkka -nos encanta, hablaremos más de ellos pronto- y eConduce. Por último, Colombia estuvo representada por Platzi.

En España hasta un supermercado tiene la suya. Mercadona tiene Lanzadera en Valencia, por poner un ejemplo. Es una manera de devolver a la sociedad y también estar al tanto de las últimas ideas en el sector tecnológico. ¿Se imaginan que les da por invertir en Instacart? O mejor aún, ¿por qué no lo compran?

Este tipo de espacios, cuya finalidad y existencia son positivas, genera también un gran debate. ¿Dónde tienen sentido? ¿Cuándo se debe intentar entrar a una? ¿Mejor aceleradora o incubadora? ¿Cuánto capital se quedan a cambio? Intentaremos aclarar estas y muchas más dudas en Silicio, con expertos y también con vuestros comentarios. De momento, una aclaración. En Launchpad, Google hace una aportación de 50.000 dólares pero no toma porcentaje alguno de la empresa incubada.

En San Francisco las hay incluso especializadas, por temas de interés. Sin embargo, hemos encontrado una tan peculiar como especial. A Gemi Jose, el cónsul de México en San Francisco, le obsesiona tender puentes entre el rincón más innovador del mundo y su país. A pesar de los últimos acontecimientos políticos y las dificultades migratorias, Gemi ha cedido una planta del consulado, precisamente ubicado en SOMA, el barrio de las startups, para que se use como incubadora. Es necesario que al menos uno de los miembros del equipo sea mexicano. Suena extraño, pero… ¿y si se convierte en ejemplo dentro de unos años? ¿Y si sirve para que más espacios poco convencionales e instituciones tradicionales comienzan a cambiar la mentalidad?

Soy Silicio

Hecho con cariño y esmero en San Francisco

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